domingo, 20 de enero de 2013

En el medievo, ni tu mente es tuya.

En el medievo, las cosas no van bien.

Tengo miedo de dragones y de la Banshee que vengativa es. Ella grita todas las noches allá a las afueras de la ciudad, en el bosque. Lo hace desesperada y estoy seguro que no es el ruido del viento, pues el viento no grita, sino sopla (como lo dice la biblia, claro está).

Tengo miedo de Dios y de hacerlo enfadar. Procuro no pensar, porque pienso pecados y eso me vendría muy mal. 

Temo de brujas, que se roban a los niños y comen su carne en rituales impíos en nombre de Satán. Dicen que son oscuros, y ropa suelen no utilizar....

Temo de súcubos, pues son sexo y nada más.... Okey, me has pillado. Le temo al sexo en general.

Sin embargo he tenido  13 hijos... Actualmente solo me restan 6. Tu sabes como es todo esto, con demonios y espectros, con vampiros sanguiolientos. Nadie va con la vida segura, lastimosamente. El día a día es una batalla agotante que jamás gana nadie. 

Pienso que es terrible y desearía morirme de tajo. Pero pensar eso es pecado y Dios podría matarme. Y no solo matarme, sino condenarme. Eso sería terrible, y es mejor ni imaginarlo siquiera.

Amo a Dios y creo en el infierno. Golpeo  a los indignos, y azoto a mis hijos. 

Las cosas en el Medievo la verdad van de maravilla ¿Entiendes? 

Todo el mundo está satisfecho, y agradecido de la vida. 

Estoy viviendo en el Medievo. Que dicha la mía. 




sábado, 19 de enero de 2013

Sobre como exorcizar.

La mayoría del tiempo hay en mi mente un caos jamás ordenado que me duele saber.

Por eso soy dispersa, por eso orden no soy.

Hablo con palabras absurdas porque me da miedo decir lo que pienso en verdad.

Son mil demonios, y suelen no callar.

El caso de todo, es que no se van a ir jamás. No por cuenta propia, claro esta. Y si no los expulso, me van a matar.

Comerán mis entrañas y comenzarán por mi paz. Aquella que necesito para colocarla en un punto lejano y luchar para alcanzarla con esfuerzo y mucha dedicación. 

Últimamente, esos demonios han despertado de nuevo en mi interior. Se revuelven y desperezan sus brazos jugando a rasguñar mientras hacen un ruido grutal. Con sus gargantas graves y agudas me hacen temblar.

Yo solía escribir para sacarlos, y no sé que ocurrió.

Si fallé o surgieron unos nuevos, el caso es que están aquí. 

Tengo miedo de un hombre y de mi, tengo miedo de perderle... pero temo más perderme a mi. 

Pero entonces ¿Quién soy yo, que vale la pena mantenerme? ¿O será entonces que no lo vale y como diablos logré llegar hasta aquí? 

Odio pensar. Odio hablar. Porque las personas me desacreditan y quiero llorar. 

A veces simplemente uno debe escribir.

No importa si no tiene sentido, que mas da si es un compendio digno o solo las instrucciones de un tostador. 

Escribe, escribe lo que sea y sobre quien sea. Al final te vas a encontrar a ti, sentado frente al café donde se desarrolla tu imaginaria historia de terror, o bajo el cielo estrellado de la ciudad donde vive el hombre suicida  que no se soportó ni un minuto más. 

Escribe sobre sandías y piel suave con aroma dulzón. Que sabe a vainilla, a la salida del sol. ¡Y en la noche es otra cosa! Porque el sudor altera el PH de su cuerpo y terminará con un rico sabor a ostra con  limón. Para que le pases la lengua imaginaria, y te detengas en su ombligo. Detente un segundo.... y comienza a dibujar óvalos que se borran con besos fríos y mordiscos leves que duelen muy bien. 

Hay un gato en la ventana y sus ojos son carmín. No deja de observarme, mientras le saco la lengua y comienzo a correr.