martes, 27 de noviembre de 2012

El melón y la noche.

Me inspira.... el olor del melocotón.

Pues es dulce y sabe bien. Como me imagino que sabrían tus tardes en un futuro remoto. Tardes cálidas de primavera y verano, cuando te podrías quitar las calcetas, pues entonces confiarías en mi.

Comeríamos frutas variadas, y un melocotón delicioso. En el pasto, sin calcetas. Aguardando la tarde y  la noche. Y si el día de mañana no hubiera trabajo, me gustaría que esperar el amanecer igual.

Tendría una taza de té que sería de frutos rojos. Con miel, si es que te he convencido de comerla de nuevo. Pan tostado con mermelada y de verdad querría un melocotón.

El melón vendría en una copa enorme de coñac. En bolitas carnosas, que huelen muy bien. Lucen bonitas y sumamente suaves al tacto con la punta de la lengua.

Comería lento, lo sé.

Porque desearía oler toda la madrugada a melocotón y hacer el momento memorable para ti y para mi.

Pues no traerías calcetas, pero sí la bufanda que yo te regalé. Para evitar que uses esa fealdad que te obsequiaron la navidad pasada pero que tu no le ves el problema a su diseño de cuadritos café  y amarillo que luce fatal.

Y  hablarías de mil  cosas que jamás me fastidian. Pero también espero que calles un segundo y me dejes  de observar mientras hablas así de apasionado y audaz.

Debería confesar  entonces, que me intimidas un poco aún. Eres intenso y todo eso lo centras sobre mi pecho, y dejo de respirar.

Me gustaría entonces que fueras adentro y me trajeras un poco de jugo de arándano y naranja. Pero no diría nada para que no te movieras un milímetro de aquí.

Quizá ocurra que toquen la puerta y sea un amigo.

Ojalá que deje un recado y tenga un lindo viaje de de regreso a casa,  pues no estaríamos dispuestos por ahora, y fingiríamos que no hay nadie.

Pues las luces de toda la casa estarían  apagadas y nadie sabría que hay una vela en el jardín. Donde yaces tu sobre el pasto mirando las estrellas y pensando en la proporción Aurea de las plantas que crecen alrededor, mientras yo insisto con los crisantemos blancos que jamás he podido colocar...



viernes, 16 de noviembre de 2012

No hay título pues no hay cerebro

Si tuviera el coraje, quizá...

Haría cosas maravillosas que muero por hacer. Pues no soy mediocre ni cuadrada, y el potencial se encuentra al fondo del corredor congelado que lleva a mi corazón.

En esa sala, está aquel órgano que bombea  y hace tum pum, tum pum.

Rítrmicamente, y ahí esta la clave que abre el compartimiento donde mi alma guardada permanecerá.

Odio realmente que la gente pueda llegar hasta ahí. Pero odio más que tomen un fragmento considerable de mi alma y cambie su forma de nuevo, para siempre jamás.

....
Ya no puedo escribir nada más ¿Sabes?

Porque me gustas, y te quiero, te amo y me he desquilibrado.

No recuerdo como escribir ni que es lo que quería decir, y si estoy respirando es porque mi cuerpo recuerda como hacerlo y lo hace solo para continuar.

Pero dentro y profundo, ahí hay un grito callado que me atrofia los oídos.

Soy yo quien no ha parado de llorar.





lunes, 5 de noviembre de 2012

Elementos pesados, que son radioactivos y brillan.

Te concibo absolutamente irritante, porque lo eres.

Irritante como cuando me cae una pestaña en el ojo  y arde. Es curioso por que sé que siempre supe que estaban ahí, frente a mis ojos. Y sin embargo, no las concebía demasiado. De repente cae y tropieza con mi retina, y entonces la noto  e incluso siento. 

Ahora pues, eso es es simplemente una abstracción idiota. Me gusta decir idioteces para no pensar demasiado.  Pues si pienso, suelo hacerlo con respecto a ti y lo que significas, y tal cosa es una dificultad enorme. 

Yo siempre estoy diciendo que te conozco y comprendo, y es cierto. Me gusta lo que piensas y la manera en la que callas algunas cosas.

 Porque a fin de cuentas las conozco de todos modos ,y es tan extraño que cuando las dices con lenguaje casi científico, me  derrito del mero placer de haberlas concebido correcto y profundo.

A su vez, disfruto mucho de tal dificultad. Pues es tu pensamiento un mar enorme de ideas concebidas y por concebir, que me gusta tocar y manosear porque brillan de colores grandiosos y  luego se apagan. 

Seguro te preguntas ¿Y para que diablos le gusta que se apaguen? , pero la respuesta es bien simple: 

Me gusta que se apaguen, para volver a encenderlas yo, y tener excusa para tocarlas de nuevo.

Pienso que si las toco demasiado y en el mismo punto, dejaré una huella y me recordarás mucho. Y la luz dibujará siempre mi difuso contorno, para que me recuerdes siempre.

Ahora ¿Para que quiero que me recuerdes siempre?

Honestamente... porque yo siempre te recordaré y para siempre ocurrirá eso. 

Puedes decir que mi filosofía es un absurdo, y es cierto.  Pero sabrás que es sincero, y no espero nada más que saberte. 

Saberte grande, saberte estable.
Saberte neutro, saberte importante.
Saberte índigo, saberte picante intenso.
Saberte quien eres....

Saberte elemento más pesado de la tabla periódica.