Él se incrusta sin saberlo, en lo más denso de mi espíritu. Ocurre entonces que veo lo complicado que es dejarlo ir.
Con un poco de histeria, sostengo su cuerpo y le pido un par de segundos más.
A cambio, ofrezco empacar un par de besos más para el camino. Uno para después de la cena de esa noche, y otro para el desayuno del día siguiente....
Honestamente, ni siquiera sé si le hagan falta.
Terriblemente.... eso ha dejado de interesarme y me limito a satisfacer mi propia ansia de "Él".