martes, 6 de marzo de 2012

•Acerca de chocolate caliente y los zafiros fundidos.



Killua tiene una sobresaliente capacidad mental.  Lo sabe, y no tiene reparo en restregárselo en la cara a Gon. 

Porque el albino siempre piensa, y lo hace tres pasos delante del moreno.  Como al tratarse de operaciones matemáticas y problemas de estadística que resuelve con habilidad.  Y con  lo que respecta  a Gon, simplemente intenta acertar con un poco de lógica y el resto de suerte… Cosa que generalmente le funciona.

Es media noche y el hotel donde desafortunadamente se han hospedado, es de tercera categoría y solo queda agua caliente para una sola ducha.  Killua tiene la desalmada idea de arreglarlo con un problema sobre el número de inquilinos, la capacidad de almacenamiento de agua caliente y el tiempo estimado desde que el calentador dejara de funcionar; Para calcular la temperatura a la que se deberían encontrar.

Gon pestañea ceñudo. Trata de imaginarse que le gustaría tomar un baño y lo que le podría hacer con el agua caliente en este frío.  

Killua hace un intenso pero veloz cálculo y una sustitución fraccionaria, además de un proceso sobre capacidad calorífica y reforzando el resultado con una estadística sobre las personas que toman baños nocturnos o no.

El Gerente del hotel los mira fastidiado. Tiene entre sus manos el termómetro y no se lo deja ver a nadie. Solo quiere  que le paguen su estancia e irse a la cama.

-Calculo que nos encontramos a 2 grados centígrados. – Killua sonríe, mirando a Gon y esperando su respuesta, que por supuesto va a estar equivocada.

-Hmmm…  Yo pienso que son 9. – Lo dice sin alardear, como si resolviera si desea una o dos cucharadas de azúcar en su chocolate de media tarde.

¿Nueve? El albino se ríe con las manos en sus caderas. ¡Este frío no es de 9 grados,  inocente Gon!

El Gerente suspira y da la vuelta al termómetro para que lo vean ellos mismos. Señala el número en la pantalla, por si  les hace falta ayuda para encontrarlo. Anticuados números digitales marcan 9°C.

Killua cae en shock, y Gon  da un salto infantil. Le da la mano al Gerente dándole las gracias.

Killua sigue en shock, mientras Gon  le entrega el dinero al Gerente y éste le regresa  una llave con el número 7. Killua continúa en shock, cuando Gon tira de él y lo arrastra por el pasillo hasta la habitación número 7, cierra la puerta y lo levanta utilizando ambos brazos, para depositarlo sobre la cama antes de salir disparado hacia el baño.

-Hiciste trampa… - Murmura, dándose la vuelta para ver al moreno quitarse la camiseta verde y los zapatos.

-No, no lo he hecho. – Toma una toalla y se la coloca sobre los hombros. – Lo adiviné, es todo. Además que lo hemos decidido como tu lo querías. –

-Da igual… No sé como, pero lo hiciste. –

-Si, claro, como digas, maestro de la estadística. – Sonríe, y cierra la puerta del baño, desapareciendo de la vista de Killua. - ¡Si tienes suerte, puede que quede algo para ti también!-

Y Killua sabe que Gon lo dice en serio, que va a intentar dejar un poco de agua caliente para él.
Suspira entonces, sentándose en medio de la cama con dos almohadas en la espalda. Toma el control remoto que se encuentra sobre la mesita de noche, y prende el televisor. Pasa rápido los canales y se detiene al escuchar la palabra ‘homicidio’.  Ajusta la imagen y sube el volumen.

En la pantalla hay dos hombres, uno de pelo negro y otro rubio.  El pelinegro da vueltas alrededor de un cadáver, como si danzara… mientras el rubio lo mira y escucha cuando el otro comienza a soltar una hipótesis sobre porqué esa mujer esta muerta y sin señal alguna de violencia.

Entonces el rubio exclama “¡Fantástico!” con toda la admiración del mundo. Se pone de pie y mira al pelinegro.  “¿En serio?” pregunta  este último, levantando una ceja, calculando con sumo cuidado la reacción del otro. “Absolutamente increíble, Sherlock. Verdaderamente impresionante”.

Killua no puede apartar los ojos de la pantalla. Examinando la  eufórica reacción del rubio y la profunda impresión del pelinegro. ..

De repente, ha recordado la primera vez que  le dijo a Gon que era él un asesino. Revive el momento, el rostro de Gon y como no se asustó para nada. Y de hecho, incluso detectó su curiosidad. Revive la impresión que le había causado aquel día… Justo como estos dos personajes en la televisión.

No puede evitar divagar  y pensar en el comportamiento de  Gon aquella vez. La curiosísima expresión de su rostro, que tenía toda la atención fija en Killua y su historia sobre asesinatos y su  familia terrible. Killua también había dudado y sentido relativamente intimidado por la euforia de Gon.

Especialmente por sus ojos color café.

Porque Gon no tiene límites en su mirada, puesto que es transparente y ridículamente parlanchina. Killua puede interpretar el corazón del moreno al ver sus pupilas y el comportamiento de éstas.
Para poder verlas mejor, Killua hace una cercanía muy masculina entre los dos. La logra, cuando golpea su cabeza hueca o susurra planes infantiles cerca de su oído. Gon le devuelve la mirada y Killua lo sabe todo antes de que el moreno abra la boca...

Y Killua prefiere ver sus ojos porque sabe que puede controlarse. Pero si se atreviera a mirar demasiado sus labios…

La puerta se abre y Gon sale del baño, una nube espesa de vapor juguetea con remolinos alrededor de su pelo mojado y caído. Ha crecido unos centímetros, y luce precioso tal como lo trae, desordenado y goteando sus hombros suaves atractivos…

Killua desearía no tener una vista perfecta. Preferiría no haber visto esa gotita de agua caliente desliarse por la clavícula de Gon, que se ha escondido tras su camiseta blanca sin mangas… Oh, Killua desearía no ver que la gota ha sido absorbida por la tela, justo en el abdomen de su amigo.

-Queda algo de agua, Killua.- Dice, sentándose en la cama y dejando la toalla en el respaldo de una silla. – No sé bien cuanto pueda durar, pero seguro podrás lavar tu cabello.-

Pues el  pelo del  albino esta seco y sucio por dormir a la intemperie. Gon prefiere el sedoso cabello de Killua, cuando se acerca y le susurra al oído. O cuando lo mira de frente y le da un cabezazo. 

Pero Killua no se mueve, ni respira o palpita su corazón. Parece un muñeco de porcelana que lleva mucho tiempo en una vitrina y tiene una ligerísima capa de polvo. Lo mira a los ojos, fijamente y Gon intenta no parpadear para intentar descifrar su mirada azul y esos pómulos fijos sin reacción.

Contiene el aliento, quizá Killua juega a quién puede aguantar más tiempo sin respirar… 

No ocurre nada. No pasa nada y todo parece igual.

De repente algo arde. Con un fuego seco y azul, propio de los ojos de Killua. El moreno lo ha notado y no piensa soltar el evento espectacular. Porque el alma de su amigo es un zafiro, y se derrite maravillosamente dentro de sus pupilas… Dentro de su cuerpo… Justo ahí, delante de él...

Entonces Gon gatea sobre la cama, sin zapatos y Killua desearía que trajera calcetas. Pues sus pies son irritablemente pequeños y lindos.  Gon se aproxima, y no quita sus ojos color café. Killua esta delirando… Comienza a oler a chocolate caliente.

El moreno no  duda, sus movimientos son decididos y continuos, acercándose a los ojos azules de su amigo y acorralándolo contra la cama, contra las almohadas, contra la pared… Contra el autocontrol del albino.  Killua jadea una vez y  levanta una mano, cerrándola en puño y colocándola frente a sus labios y entre los de Gon.

Killua no tiene plena seguridad de su autocontrol. No ahora, no así.

-¿Qué? ¿Tengo algo en la cara, o simplemente eres un idiota? – Ojala pudiera desviar la mirada, parpadear o algo así, para lucir más casual.

Gon niega con la cabeza, unas gotas caen y chocan contra la piel del albino, que siente como mil demonios, eso fue terriblemente delicioso y doloroso a la vez.

-Tus ojos.-

-¿Mis ojos, qué?-

-Están muy azules, Killua…-  

-¡Son azules todo el tiempo, idiota!-

-¡Son diferentes hoy! – Gruñe, molesto. Pues Killua le habla como si fuera un niño pequeño que no conociera los colores. -¡Por supuesto son azules todo el tiempo, lo sé…! Es  sólo que…  parece que se derritieran… -

Un pulso eléctrico doloroso y caliente recorre la espalda de Killua, hace que le duela el estómago y desaparezcan sus pulmones. Causándole dolor de cabeza, también quiere reír antes de comerse a Gon.

Y lo habría hecho, si no hubiera levantado el brazo que lo separaba de Gon, violentamente y con mucha fuerza. Tirando al moreno de la cama consiguiendo quitárselo de encima para poder respirar.

Killua se levantó y corrió con manos y piernas hacia el baño. Lo hizo muy felino, lo cual hizo reír a Gon.

-¡Voy a bañarme y cuando salga, no quiero escuchar una palabra más sobre esto!-

Hay risas, que el moreno aplaca colocando sus manos sobre su boca. Asintiendo afirmativamente, de vez en cuando diciendo un sí.

Sube de nuevo a la cama, cruzado de piernas y comienza a secar su cabello para poder dormir.

En el baño, no hay vapor ni agua caliente. Killua abre las ventanas y entra en frío a la ducha, empapando su pelo, espalda, cara, pestañas, piernas y estómago; Apaciguando su alma que había comenzado a jadear. 

¡Nunca más Gon se duchará antes que él! ¡Desconsiderado niño egoísta lindo hasta morir!

Killua lo jura, mientras lava su cara, esperando  que sus mejillas dejen de ser carmín.





------------------------------------------------------------------------------------------------

Okey. Esto es algo que escribí para Jell my dear. Ella siempre ha sido atenta conmigo y me ayuda a mejorar. Una vez escribió algo para mi y yo le he regresado el favor.

Dudo colocarloen fanfiction. Este es un trabajo privado solo para ella :3.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Keep calm and post