viernes, 23 de agosto de 2013

Es Polaris y una bolsita de té

El fenómeno que acontece frente a tus ojos,  se manifiesta y hace que te detengas un segundo a pensar. Mientras un cono frío de helado de vainilla se derrite peligrosamente y ahora se encuentra entre tus dedos.

Observa, entonces.

Ella no te mira ni un poco con los esos ojos detrás de sus pestañas. Honestamente no son ni densas como chocolate fundido, ni largas como ramitas de olivo. Sus ojos tampoco tienen el color mas singular del universo, pues luce idéntico a un grano de café barato de los que tuestan en las calles del centro, junto al centro comercial. Que tiene otras cuarenta y tres tiendas cadenas, tan solo contando las de la ciudad. 

Ella tampoco te habla. Con su boquita coqueta, ciertamente, pero nada seductora. Parece balbucear aquello que piensa, pero quizá  solo juega a pasear  un caramelo por su boca de cavidades terribles para el sexo oral. 

Ella no tuerce el cuello y se acomoda el cabello de manera  sensual. De hecho se ve  bastante nerviosa, y parece concentrada en no soltarse las manos con el ritmo de su propio andar. 

Tiene el perfil más común del mundo. Con una frente mediana, nariz promedio y mechones desordenados enmarcando su rostro. Un rostro que ni pálido ni marmol, ni inmaculado ni idóneo. De hecho tiene pequitas, y no son de pelirroja traviesa o algo por el estilo. Mide lo promedio, y ciertamente el marrón le va fatal....

No lleva zapatos bonitos,  y tampoco tiene un andar sensual. 

Entonces, explícate a tí mismo 

¿Qué le ha ocurrido a tu sentido común?

Porque el helado se ha estropeado. y tratas de retirarlo con una servilleta y luego en el pantalón. Mientras un andar torpe te lleva dos pasos detrás de ella y  ahora hueles que usa un perfume aterciopelado que te recuerda a una bolsita de té dispuesta a un lado de tu taza favorita cuando tenías diez. Solías  detestar el té porque deseabas fervientemente chocolate con avellana.

Pero entonces ¿En qué momento pasó que olvidaste el chocolate y preferiste la infusión? Quien sabe, justo como nadie sabe porque continúas siguiéndola con la nariz en alto y en guardia. 

Ahora ya no es una muchacha común con un conjunto que le sienta fatal...

En este momento se asemeja a una columna muy alta en la cual hay un racimo de flores pequeñitas cubiertas por satín blanco y un bombón.

También comienza a parecer una estrella, una Polaris.... Un gorrión que podría ser cualquier gorrión... Excepto porque de repente esa cadera parece el nido idóneo para todos tus pajarillos y tu su orgulloso papá.






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