jueves, 17 de abril de 2014

Empacar artículos diversos a través de un abrazo que dure más de seis segundos

Cuando llega el momento del adiós... 

Él se incrusta sin saberlo, en lo más denso de mi espíritu. Ocurre entonces que veo lo complicado que es dejarlo ir. 

Con un poco de histeria, sostengo su cuerpo y le  pido un par de segundos más. 

A cambio, ofrezco empacar un par de besos más para el camino. Uno para después de la cena de esa noche, y otro para el desayuno del día siguiente....

Honestamente, ni siquiera sé si le hagan falta. 

Terriblemente.... eso ha dejado de interesarme y me limito a satisfacer mi propia ansia de "Él". 


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